Aunque la tarea no está nada fácil, quienes hacen los deberes siguen dando con ejemplares de buen porte en una laguna que ha mostrado una temporada extraordinaria en cuanto rendimientos. Más allá de cómo esté el agua, la Albúfera siempre paga.
Sin prisa, pero sin pausa, continúa la pesca de pejerrey en la laguna de Mar Chiquita. Es cierto que por momentos está más difícil y hay que buscarlo mucho, como ocurrió el último fin de semana: el agua un poco turbia, producto de la descarga de los diferentes arroyos y canales tras las lluvias en el interior de la provincia, dificultó la faena.
La gran cantidad de agua presente en el espejo marchiquitense permite navegarla bien y la búsqueda del pez es un poco más accesible. De hecho, ese dato fue clave: aquellos que se movieron fueron los que lo encontraron y terminaron completando la cuota con trabajo, pero sin problemas, con algunos ejemplares de buen porte, superiores a los 35 centímetros de longitud, entremezclados con algunos más chicos.
El sector de pesca más rendidor está comprendido en una especie de triángulo entre el chupete, la boya desinflada y el pie del médano blanco, sobre la costa que da hacia el mar. En una profundidad promedio de 1 metro y medio, el pejerrey viene haciendo pasadas entre los bochones y tiene una predilección casi exclusiva por el camarón. Aunque se probó con otras carnadas como mojarra y dientudo, el marisco fue el que ganó por escándalo.
Con días mejores y otros no tanto, Mar Chiquita siempre paga con resultados para aquellos que hacen los deberes, se mueven con el bote y buscan ese flecha de plata tan querido por los pescadores dada su pelea y su potencia. No importa si el agua está sucia o limpia; si en la laguna hay correntada o está planchada. Está ahí, al acecho, cazador como pocos, brioso con ninguno. Sólo se trata de encontrarlo con la línea adecuada para disfrutar de jornadas inolvidables en el paraíso de la pesca deportiva.








0 comentarios
Enviar un comentario