23 de julio de 2021

EXPLOSIÓN DE LISAS EN EL ULTIMO FINDE DEL AÑO

La albúfera de Mar Chiquita y el Canal 7 fueron el epicentro este sábado de una verdadera fiebre de lisas, que se mostraron en gran número y muy activas pese al intenso viento que por momentos sopló en ambos sectores. Tanto de embarcado dentro de la albúfera como de costa en el mencionado cauce de agua, hubo que trabajar bastante para hacerlas picar. El agua clara y el reparo del viento fueron la llave para dar con las siempre difíciles ojonas.

Los botes que partieron desde el Recreo Juan y Juan debieron –antes que nada- buscar caudal. Es que la albúfera no está en su mejor momento, se muestra demasiado permeable a la incidencia de las mareas y de los vientos y no está del todo fácil para navegarla. No obstante, la presencia de lisa es tan abrumadora que prácticamente se muestra activa en todos lados. Como siempre, lo difícil es hacerla picar, por lo que hubo que buscar el agua clara y ahí es justamente donde los sectores con mayor reparo del viento rindieron mejor.

Por caso, el centro de la laguna y la costa del médano rindieron bien, por lo menos hasta que a primera hora de la tarde se levantó el viento que enturbió el agua. Si hasta se registraron ráfagas de 50 kilómetros, lo que obligó a los pescadores a rumbear hacia sectores más cercanos a las orillas. Una línea tradicional de 5 boyas blancas con 5 anzuelos, encarnados con panza de lisa o peceto coloreado de rojo, fueron el común denominador. Y la paciencia que debe tenerse para con una de las especies que más enigmas le genera al pescador deportivo. No hubo mucho más misterio que ese. Hay mucha lisa. Y haciendo bien los deberes, es trofeo asegurado.

En Canal 7 y su desembocadura la cantidad de ojonas es extraordinaria. Pero aquellos que llegaron hasta allí casi no pudieron hacerlas picar. Es cierto que el tamaño no es el ideal, pero alguna buena aparece entremezclada entre chicas y medianas. La baja profundidad de la zona y el fuerte viento prácticamente las aglomeraron ahí y mostraron un verdadero show. Pero una vez más, hubo que poner en práctica el ingenio para poder dar con ellas.

Por eso los fanáticos que fueron hasta el lugar decidieron regresar unos cuantos metros, como volviendo hacia la Ruita 11. Allí, en un recodo que hace el canal a unos 400 o 500 metros de la laguna, reparado del viento, la pesca fue un verdadero festival. Funcionaron las dos líneas más usadas en los canales: la tradicional aérea, armada como un paternóster con boya blanca, y la quebrada de dos boyas, todas de entre 5 y 7 anzuelos. A diferencia de lo que pasó en Marchi, el pique fue constante y salieron una tras otra desde las 2 de la tarde en adelante.

Si bien no eran tamaño XL, las lisas pelearon como nunca, para delicia de los pescadores que optaron por equipos un poco más livianos. La carnada utilizada fue la misma que eligieron aquellos que salieron de embarcado. ¿Los resultados? Están a la vista en las imágenes que acompañan el presente informe. Vale remarcar que, si bien el Canal 7 permite el ingreso con vehículo casi hasta su finalización, debe hacerse prácticamente a paso de hombre, dado que el camino está literalmente destruido.

Agradecimientos: Nicolás Segovia y Oscar “La Bestia” Leguizamón